Ramon Olasagasti publicado el septiembre 03, 2009 11:51

Diana a las 6:00. Toca madrugar. Si queremos llegar hoy a Nyalam, hay que moverse temprano.
Rai, uno de los responsables de Thamserku, ya nos lo ha advertido:
- Ayer el camino estaba abierto, hoy no lo se. Quizá durante la noche ha habido desprendimientos, quién sabe!
En Nepal todo depende de la naturaleza. En las carreteras y pistas de montaña son habituales los desprendimientos de roca y los corrimientos de tierra y no es nada extraño encontrarse el camino cortado en varios tramos. Descargar todos los petates, pasarlos a mano y continuar al otro lado del desprendimiento suele ser habitual. Aquí las distancias no se miden en kilómetros, sino en tiempo. Por ejemplo, en 1996, camino del Shisha Pangma, a Juan y Alberto les llevo todo el día llegar al pueblo fronterizo de Kodari.
Los nepalíes se mueven con el sol. Para las 7:00 de la mañana las calles y las cunetas de la ciudad están repletas de gente, los puestos de fruta y verdura dispuestos hace tiempo, los perros escarban entre los montones de basura y el tránsito es abrumador… Katmandú despierta con las primeras luces, sucia y vital.
La ruta hacia el Tíbet es increíble. Siguiendo el curso del Bothe Khosi, la carretera poco a poco va encajonándose y menguando en un valle angosto donde enormes paredes y vertiginosas cascadas se suceden a un lado y al otro. Nepal es un país vertical, terrazas de arroz suspendidas en el abismo y abruptas laderas tapizadas de verde intenso por el monzón hacen de los valles V-s perfectas, formando paisajes inverosímiles.
Efectivamente, los desprendimientos de piedras borran de vez en cuando el asfalto. Ríos embravecidos muerden la carretera y convierten en pistas de barro nuestra ruta hacia la frontera. Dando tumbos, la furgoneta consigue, sin embargo, superar todos los obstáculos de un modo u otro. Estos Tata indios son más duros que las piedras. En uno de los socavones, hemos perdido la rueda de repuesto y la hemos tenido que meter dentro. Seguimos, no pasa nada.
En Kodari, después de almorzar algo, nos disponemos a cruzar la frontera. Han sido unas 5 horas de viaje. Kodari en el lado nepalí y Zagmu en el chino, se encuentran en un verdadero agujero. Las fronteras, muchas de ellas, verdaderamente lo son. Los agentes fronterizos chinos tratan con desprecio a los porteadores de Kodari, mujeres la gran mayoría, que transportan las cargas de las expediciones de un lado al otro. “Venga, venga”, les apremian, como a bestias de carga. Nuestro líder de expedición ha sido el primero en pasar. Por momentos le hemos visto palidecer cuando los agentes inspeccionaban los papeles del visado y lo comparaban una y otra vez con su pasaporte. Tiene motivos para ello: en las gestiones hechas en casa para agilizar el visado chino envió por error el pasaporte anterior escaneado, y los compañeros de la agencia Thamserku, falsificaron el documento todo lo bien que pudieron, pero el riesgo de descubrir la artimaña estaba ahí. Al final ha colado, y el rostro de nuestro jefe de expedición ha recobrado su color.
Zagmu, el primer pueblo posterior a la frontera china, cae suspendida sobre laderas de vértigo. No podemos continuar, no al menos en cuatro horas. Están construyendo la carretera hacia Nyalam, y debido a las obras, mantienen cerrado el tránsito de vehículos durante el día, y de noche vuelven a abrir el camino. Un té sobre la mesa y un gran mural de la cara norte del Everest a nuestra espalda amenizan la conversación. Tienen la esperanza de que este año sí, la montaña abrirá su camino hacia la cumbre.
Al anochecer, una vez terminadas las obras del día y liberada la ruta, hemos continuado hacia Nyalam. Alberto y Juan no salen de su asombro al contemplar los avances de la carretera. Lo que en 2006 era una pista embarrada es hoy una autentica autopista de alta montaña. Un comboy de Toyotas volamos hacia el pueblo que será fin de la primera etapa de esta marcha de aproximación. Mañana miércoles continuaremos hacia Tingri, ya mas arriba de los 4.000 metros, y descansaremos un día para ir completando la aclimatación.