Ramon Olasagasti publicado el septiembre 23, 2009 15:59

El proyecto de escalar el corredor Hornbein en estilo alpino es audaz y comprometido como pocos. Solamente 7 alpinistas han conseguido superar esta vía y únicamente se ha logrado una vez en estilo alpino. Fue en 1986, a cargo de las locomotoras suizas, Erhard Loretan y Jean Troillet, verdadera élite del Himalayismo por aquel entonces. Esa ascensión ha sido catalogada como una de las más increíbles en toda la historia del Everest y del Himalaya en general.
Erhard Loretan y Jean Troillet, junto a la también suiza Nicole Niquille y el matrimonio frances Pierre y Annie Beghin llegaron a la frontera tibetana el 17 de julio, en pleno monzón. Instalaron su CB justo donde nos encontramos nosotros ahora e iniciaron la fase de aclimatación en picoa menores que rodean el Everest. A principios de agosto, Loretan tuvo un serio accidente cuando saltaba con su parapente. Los dolores parecían indicar que se había roto la rodilla, y que la expedición había terminado para él. Sin embargo, tras dos semanas de reposo, el suizo volvía a caminar. A finales de agosto, Nicole y Annie debían volver a sus hogares por motivos de trabajo, así que quedaron Troillet, Loretan y Beghin.
El 29 de agosto, a medianoche, el trío partía con intenciones de alcanzar la cima, aprovechando un receso del monzón. No llevaban ni tienda, ni cuerda, ni equipo de altura; solamente un pequeño saco y algo de comida. En escasas 12 horas escalaron hasta los 7.800 metris. Un avance extraordinario. Cavaron una cueva y descansaron un rato aprovechando las primeras horas de sol del atardecer, y antes de oscurecer, continuaron su escalada. Sobre los 8.000 metros, a la entrada del corredor Hornbein, Beghin, vencido por el sueño, optó por volver a la cueva, pero en mitad de la noche no logró encontrar su refugio por lo que tuvo que vivaquear “a pelo”. Mientras, Loretan y Troillet continuaban su fulgurante ascenso, “inmersos en una especie de locura”, según palabras del propio Troillet, y a las 14:30 del día 31 coronaban la cima del Everest.
Si el ascenso fue increíble, no menos sorprendente fue el descenso. Continuando con su “locura”, en escasas 3 horas estaban de vuelta en la cueva. Allí les esperaba Beghin, que aguardaba una oportunidad para el día siguiente. Tras despedirse del frances, los dos suizos alcanzaban en otras dos horas la base de la pared, ramaseando y controlando la velocidad con sus piolets.
En total fueron 43 horas prácticamente “non stop” soilamente al alcance de dos mutantes en la gran altitud. A la vuelta, el mundo alpino alabó la increíble gesta de los dos suizos. Troillet guarda con especial cariño el comentario del grandisimo Doug Scout al año siguiente en las laderas del K-2. “Ofreciendome una botella de whiaky me pidió que le explicase la escalada del Hornbein, que para él había sido increíble. Fue algo especial para mí”.
La ascensión de estos dos mutantes es prácticamente imposible de repetir. Alberto, Juan y Mikel lo saben bien. No pretenden tampoco tomar su escalada como referencia, pero sí seguir esa filosofía minimalista y pura, tan en desuso hoy en día.